El Foro UNIR analizó el papel de la evaluación formativa como motor de mejora educativa en México, con expertos que defendieron una evaluación centrada en el aprendizaje, el desarrollo docente y las competencias que exige la escuela actual.

La evaluación formativa ya no puede entenderse como un trámite para poner una calificación al final del curso. En un sistema educativo como el mexicano, marcado por retos de calidad, desigualdad y actualización docente, evaluar debe servir para mejorar el aprendizaje, no para decorar expedientes. Una revelación, al parecer, todavía necesaria.
Ese fue el eje del Foro UNIR “Evaluación formativa: métodos para la innovación educativa en el aula”, donde se abordó cómo transformar la evaluación en una herramienta para acompañar al estudiante, fortalecer la práctica docente y conectar mejor la escuela con las necesidades reales del aula.
El encuentro contó con la participación de Otto René Granados Roldán, exsecretario de la SEP; Martha Yamel Gámez Gayón, directora académica de la Maestría en Educación de UNIR; y María Emma Zapata Espinosa, adjunta de la Dirección de la Facultad de Educación y Humanidades de UNIR.
Los expertos coincidieron en que la innovación educativa no depende solo de incorporar tecnología o nuevas metodologías, sino de cambiar la mirada sobre la evaluación. El reto está en dejar de usarla como instrumento de control y convertirla en una vía para comprender mejor cómo aprende cada estudiante.
Las cinco claves del Foro UNIR
- La evaluación debe ser un medio y no un fin: “La evaluación no es un fin en sí mismo, es un medio para lograr valores o bienes superiores”, afirmó Otto René Granados.
- Evaluación, incentivos y continuidad institucional: “Una evaluación de alto impacto es aquella cuyos resultados influyen de manera importante en los aprendizajes”, explicó Otto René Granados.
- La evaluación formativa como práctica cotidiana de acompañamiento: “Cuando estamos evaluando lo estamos haciendo para poder enseñar mejor”, señaló Martha Yamel Gámez.
- El alumno debe estar en el centro: “La evaluación está dentro del proceso enseñanza aprendizaje, no al final”, sostuvo María Emma Zapata.
- Implicación fundamental: “Las familias y la escuela son instituciones complementarias”, advirtió Otto René Granados.
Evaluar no es solo calificar
Durante su ponencia, Otto René Granados recordó que la calidad educativa es un proceso multifactorial. La evaluación docente es importante, pero no basta por sí sola: debe articularse con planes de estudio, formación continua, recursos tecnológicos, liderazgo escolar e incentivos claros.
El exsecretario de la SEP subrayó que una buena evaluación debe ser periódica, transparente, técnicamente sólida y orientada a mejorar la práctica. También advirtió que los sistemas educativos necesitan construir una verdadera cultura de evaluación, especialmente en contextos donde aún se percibe como amenaza o castigo.
El aula como punto de partida
Martha Yamel Gámez insistió en que la evaluación formativa empieza cuando el docente deja de mirar al estudiante solo desde la calificación y empieza a entender qué necesita para avanzar. Ese cambio, dijo, permite acompañar mejor los procesos de aprendizaje.
Para la académica de UNIR, el docente debe identificar intereses, ritmos y necesidades del alumnado. Solo así puede aplicar estrategias didácticas, metodologías activas e incluso herramientas de inteligencia artificial con sentido pedagógico. Usar tecnología sin criterio, esa elegante forma moderna de equivocarse más rápido, no resuelve nada.
Evaluación para aprender más
María Emma Zapata planteó que la evaluación debe dejar de entenderse como medición o control. Su valor está en la información que ofrece para retroalimentar al estudiante y ayudarlo a mejorar durante el proceso, no cuando ya es tarde y solo queda poner una nota.
Entre las herramientas mencionadas destacan el método del caso, los proyectos, los portafolios de evidencias y las actividades conectadas con situaciones reales. Todas permiten evaluar competencias, no solo contenidos memorizados para sobrevivir al examen y olvidarlos después, como manda la tradición humana.
IA y nuevas competencias
El foro también abordó el impacto de la inteligencia artificial en educación. Granados señaló que esta tecnología abre posibilidades para un seguimiento más personalizado del estudiante, especialmente en grupos numerosos, aunque todavía exige prudencia y formación.
Los expertos coincidieron en que la IA puede ayudar a diseñar actividades, personalizar apoyos y mejorar procesos, pero no reemplaza el criterio del docente. La clave está en formar profesionales capaces de usar estas herramientas con pensamiento crítico, ética y sentido pedagógico.
Un cambio que implica a todos
El cierre del foro dejó una idea clara: la evaluación formativa en México exige un cambio de mentalidad en docentes, instituciones, estudiantes y familias. Evaluar mejor implica enseñar mejor, acompañar mejor y reconocer que el aprendizaje no cabe en una simple calificación numérica.
Como resumió Martha Yamel Gámez, la innovación no empieza con la tecnología ni con una reforma, sino cuando el docente mira de otra forma a sus estudiantes: no para calificarlos, sino para comprenderlos. Ahí empieza la mejora real.




